El terremoto que sacudió Colombia volvió a activar una pregunta que en Chile aparece cada vez que un movimiento de gran magnitud golpea otro país: ¿el próximo terremoto viene para acá? La respuesta de Marcelo Lagos fue categórica respecto del vínculo entre ambos fenómenos, aunque el geógrafo aprovechó la inquietud para lanzar una advertencia que en un país sísmico como Chile resulta imposible ignorar.
Consultado por Pedro Carcuro, Lagos explicó que los recientes terremotos registrados en Venezuela y Colombia corresponden a procesos tectónicos diferentes y que no existe evidencia para sostener que esos eventos estén “transmitiendo” esfuerzos hacia Chile.
En particular, señaló que el terremoto colombiano corresponde a un evento intraplaca de profundidad intermedia, asociado a la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, a cerca de 110 kilómetros de profundidad. Por ello, descartó que exista una conexión directa entre las rupturas ocurridas en esos países y un eventual terremoto en territorio chileno.
La aclaración corta de raíz una de las teorías que rápidamente comenzaron a circular después de los últimos movimientos: que una seguidilla de terremotos en distintos países sudamericanos sería una especie de “señal” de que el fenómeno se desplaza hacia Chile. No funciona así, y el propio Lagos remarcó que se trata de procesos independientes. El especialista también diferenció el evento colombiano de los terremotos costeros de subducción que históricamente han marcado la realidad sísmica chilena.
Marcelo Lagos despeja el miedo tras terremoto
Pero la tranquilidad tiene un límite. Lagos recordó que Chile mantiene una amenaza sísmica permanente y que, aunque el terremoto colombiano no permita anticipar un evento en nuestro país, tampoco significa que Chile pueda bajar la guardia. “Nunca hay que olvidar (…) que este es un peligro latente”, sostuvo el geógrafo, enfatizando que vivimos en uno de los países más sísmicos del mundo.
El experto también puso sobre la mesa una diferencia fundamental: la normativa chilena está diseñada principalmente considerando terremotos costeros de subducción, incluidos eventos de magnitud superior a 8 y con potencial de tsunami. El sismo colombiano, en cambio, pertenece a otra categoría de movimientos profundos, que Lagos comparó con el terremoto de Chillán de 1939.
El mensaje, entonces, no es de pánico, pero tampoco de falsa seguridad. Chile cuenta con experiencia, infraestructura y una institucionalidad preparada para enfrentar terremotos, pero eso no elimina el riesgo. De hecho, SENAPRED recuerda que la mayoría de los sismos destructores del país están vinculados al movimiento de la placa de Nazca bajo la Sudamericana y recomienda identificar lugares de protección, conocer las vías de evacuación y mantener un plan familiar de emergencia.
La pregunta que queda después del terremoto colombiano no es si “viene para acá”. La ciencia dice que no existe esa relación directa. La pregunta realmente importante es otra: ¿estamos preparados para cuando el próximo gran terremoto chileno ocurra? Y esa respuesta, a diferencia de la predicción de un sismo, sí depende en buena parte de cuánto se haya hecho antes de que la tierra vuelva a moverse.





