Minvu pisa el freno: aplaza cambios urbanos por nuevos “guetos verticales”. El Ministerio de Vivienda y Urbanismo decidió poner pausa a una de sus reformas más sensibles: los cambios a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, OGUC.
La cartera aplazó hasta el próximo 10 de julio su respuesta a las observaciones recibidas durante la consulta pública, luego de acumular más de 2.000 comentarios sobre la propuesta.
La explicación oficial apunta a una revisión técnica más profunda antes de adoptar una definición final.
El objetivo declarado del Minvu es actualizar normas urbanísticas, simplificar procedimientos y entregar mayor certeza jurídica frente a interpretaciones dispares. Pero la discusión ya dejó de ser solo técnica.
Alcaldes encendieron la alarma
El problema político para el Minvu es que alcaldes de distintos sectores comenzaron a advertir que algunos cambios podrían facilitar una mayor densificación urbana y permitir edificios de gran altura en comunas que ya sufren saturación de servicios, transporte y espacio público.
La palabra que volvió al debate fue una que en Chile nadie quiere revivir: “guetos verticales”.
Desde el Gobierno rechazaron que la reforma busque incentivar la sobredensificación.
La defensa oficial es que se trata de modernizar una normativa antigua, no de liberar el negocio inmobiliario sin control.
Pero las críticas apuntan justamente a lo contrario: que bajo el discurso de la modernización se puedan debilitar los instrumentos de planificación local.
El punto crítico: más viviendas en el mismo suelo
Uno de los aspectos más cuestionados es el cambio en los cálculos de densidad.
El académico Rodrigo Martin, de la Universidad de Santiago, advirtió que la actualización a dos habitantes por hogar podría duplicar la cantidad de viviendas permitidas en determinados proyectos, aumentando la presión sobre servicios básicos como agua potable y alcantarillado.
El Colegio de Arquitectos también ha levantado reparos duros. En sus observaciones, alertó que reducir el coeficiente de conversión puede aumentar drásticamente el número de viviendas posibles por hectárea sin modificar formalmente la densidad fijada por los planes reguladores comunales.
El riesgo, según esa mirada, es una densificación indirecta que elude el debate local.
La sombra de Estación Central
El fantasma de Estación Central volvió a instalarse como advertencia urbana. Allí, los llamados “guetos verticales” se convirtieron en símbolo de una ciudad construida al límite de la norma, pero lejos del estándar mínimo de habitabilidad, equipamiento y calidad barrial.
El académico Julio Nazar, de la Universidad del Desarrollo, fue más matizado: sostuvo que la reforma no implica automáticamente el regreso de esos casos, aunque sí reconoció riesgos reales si los cambios no van acompañados de planificación y gestión urbana.
En simple: la norma por sí sola no levanta una torre, pero puede crear las condiciones para que el mercado la empuje donde el municipio no tenga herramientas suficientes para contenerla.
Una reforma que abre una pelea mayor
El aplazamiento no cierra el debate. Lo confirma. El Minvu quedó obligado a responder si sus cambios fortalecen la planificación urbana o si, por el contrario, le entregan más margen al negocio inmobiliario en comunas que ya cargan con calles saturadas, servicios exigidos y barrios sin infraestructura suficiente.
La pregunta de fondo es incómoda: ¿modernizar la ciudad significa simplificar trámites o también asegurar que la densificación venga con transporte, áreas verdes, colegios, salud, alcantarillado y espacio público?
Porque si la respuesta es solo construir más rápido y más alto, Chile ya conoce el resultado. Y se llamó gueto vertical.










