La muerte del cabo segundo Cristopher Aguilera, asesinado durante un procedimiento policial en Lo Espejo, no solo volvió a poner el foco en la violencia contra Carabineros. También abrió una discusión incómoda: cuánto recibe un funcionario que sale diariamente a la calle sabiendo que puede encontrarse con delincuentes armados.
El tema fue abordado este lunes en Mucho Gusto, donde Carmen Gloria Arroyo reaccionó al conocer más antecedentes sobre el uniformado de 30 años. La conductora puso sobre la mesa su remuneración y cuestionó directamente la relación entre el sueldo y el nivel de riesgo que enfrenta un carabinero en terreno.
“¿Saben cuánto gana un cabo segundo? Alrededor de $1.000.000”, señaló Arroyo, antes de formular una pregunta que rápidamente instaló el debate: “¿Cómo les vamos a pedir a jóvenes que salgan a la calle a arriesgar la vida por un millón de pesos? Con suerte les alcanza para vivir”.
La conductora también planteó el escenario desde una perspectiva personal: “¿Lo haría uno? ¿Uno saldría a la calle a exponer su vida por ese sueldo y esas condiciones?”. Su reflexión apuntó a la desigualdad existente entre quienes deben enfrentar un procedimiento armado y quienes cometen delitos desde una posición de ventaja frente a los funcionarios policiales.
El sueldo real y las diferencias según las asignaciones
Las cifras disponibles muestran que la remuneración depende del grado y de las distintas asignaciones. Información publicada por TVN sitúa el sueldo de un cabo segundo en $1.068.466, mientras que la cifra líquida aproximada para 2026 también ha sido ubicada en torno a los $1,067 millones por antecedentes difundidos tras el caso Aguilera.
Sin embargo, detrás de ese monto existe otra realidad. Un reporte de la Dirección de Presupuestos elaborado con información institucional había estimado anteriormente un sueldo mensual de $791.794 para un cabo segundo operativo, mostrando que las cifras pueden variar considerablemente dependiendo de las asignaciones consideradas.
En el mismo panel de Mucho Gusto, el exfiscal nacional Sabas Chahuán coincidió en que existe espacio para mejorar las remuneraciones, aunque puso el acento en otro elemento: el equipamiento y las herramientas disponibles para enfrentar procedimientos de alto riesgo. La discusión, por tanto, no queda reducida al sueldo: también involucra preparación, protección, tecnología y capacidad operativa.
El caso de Aguilera vuelve especialmente sensible esa discusión. El funcionario tenía 30 años, ocho años y ocho meses de servicio, diez felicitaciones durante su carrera y era padre de un bebé de nueve meses. Al momento de su muerte prestaba funciones en la 42ª Comisaría Radiopatrullas e Intervención Policial.
Su trayectoria incluye reconocimientos por procedimientos vinculados a armas y detenciones, además de capacitación en Derechos Humanos, Técnicas de Intervención Policial y reentrenamiento en Control de Orden Público. Es decir, no se trataba simplemente de un funcionario recién incorporado a las calles: había construido una carrera policial y acumulado experiencia operativa antes de morir durante un procedimiento.
La discusión planteada por Arroyo queda así instalada más allá de la televisión: si la sociedad exige más presencia policial frente al aumento de la violencia, también existe una discusión pendiente sobre cuánto está dispuesta a invertir en quienes deben poner el cuerpo frente a ella.





