En los pasillos de la televisión chilena no solo se mueven ratings y contratos: también se tejen llamadas directas de poder a poder. Esa es, al menos, la lectura que dejó la revelación del locutor y panelista Willy Sabor, quien este viernes contó en Hay que decirlo que Kike Morandé lo tentó personalmente para llevarlo a la nueva etapa de “Detrás del Muro”, el show que regresa bajo su batuta pero ahora fuera de Chilevisión.
La historia que muchos quisieron suavizar tiene filo: según Sabor, la invitación no vino de productores ni del canal, sino directamente de Morandé, con un mensaje claro: “vente conmigo de nuevo”. Esa frase, que podría leerse como simple camaradería, en la industria se interpreta como un intento explícito de descolgar talento de un canal competidor —Canal 13— para reforzar un proyecto en transición hacia Mega.
Lo revelado por Sabor desnuda algo que la televisión suele ocultar tras cortes de publicidad: las negociaciones entre rostros no siempre pasan por vías formales ni por acuerdos institucionales, sino por redes de poder personalizadas. El comunicador dejó claro que, pese al halago, decidió quedarse en su casa actual: “pueden invitarme y yo pido permiso”, dijo, subrayando que la lealtad al equipo y el contexto laboral pesan más que una propuesta seductora.
Kike Morandé intenta “pescar” talento del 13
Este episodio ocurre en medio de la mudanza mediática de “Detrás del Muro” desde Chilevisión hacia Mega, un cambio que ya provocó tensiones abiertas entre quienes optaron por seguir a Morandé y quienes prefirieron permanecer en su canal.
Varios humoristas y comediantes quedaron fuera de ese traslado, en parte porque Mega habría ofrecido contratos millonarios de hasta 16 millones de pesos mensuales, pero no todos cedieron ante el canto de sirena económico.
Lo que en apariencia podría verse como una anécdota de camarín tiene implicancias más profundas: revela la pugna entre canales por mantener e incorporar figuras con poder de convocatoria, así como una televisión chilena que sigue apostando por nombres históricos para sostener apuestas de humor y entretención en tiempos de audiencias fragmentadas.
En ese contexto, y más allá del gesto amistoso, la llamada de Morandé a Sabor es una pieza más en un ajedrez donde los rostros valen tanto como el contenido que representan.















