Lo que comenzó como una intervención de opinión en el programa Tal Cual de TV+ se transformó en una bomba de tiempo mediática. La controvertida panelista Patricia Maldonado lanzó una de sus declaraciones más incendiarias al señalar que un reconocido periodista chileno habría tenido conductas pedófilas que la industria nunca quiso enfrentar y que, más grave aún, todos en el medio “fuimos testigos y cómplices”.
Sin ambages ni eufemismos, Maldonado recordó un episodio del pasado donde, según su relato, este comunicador —que falleció y dejó un “legado” aplaudido por algunos— habría aprovechado su cercanía con niños en situación de vulnerabilidad, ofreciéndoles zapatillas y llevándolos a su departamento bajo el pretexto de presentarlos como “sobrinos”.
Patricia Maldonado rompe el silencio
La opinión de Maldonado no se quedó en la anécdota: acusó directamente a la clase periodística de haber vigilado estos hechos sin pronunciarse, priorizando la carrera y la reputación de uno de los suyos por sobre la protección de menores.
El relato no solo remueve el polvo de una historia que muchos creían olvidada, sino que reabre una herida incómoda para la televisión chilena: ¿cuántas veces se silencian conductas aberrantes bajo el manto del prestigio profesional? Para Maldonado, el silencio fue la verdadera complicidad.
“Este es el país del doble estándar. Todos saben de quién estoy hablando… ¿y quién lo acusó?”, lanzó con su sello confrontacional, retando a sus colegas y a los consumidores de prensa a mirar más allá del brillo superficial de los rostros en pantalla.
El contexto en que estas afirmaciones resurgen es igualmente relevante. Hace años que el periodismo internacional y local enfrenta un escrutinio creciente por encubrimientos y omisiones en casos de abuso, y en Chile no es excepción.
Aunque Maldonado no nombró públicamente al personaje aludido —y tampoco existen antecedentes judiciales recientes que confirmen cargos formales sobre el episodio descrito— su declaración ha sido interpretada por sectores del medio como un llamado a revisar las responsabilidades éticas de los comunicadores al proteger a los vulnerables en vez de a los poderosos.















