La madrugada del jueves dejó al descubierto una escena que desafía la cada vez más tensa convivencia ciudadana en Chile: un adulto mayor de 88 años fue víctima de un violento asalto en su propio domicilio, y lo que siguió muestra tanto la degradación de la delincuencia como la desesperación de las comunidades por protegerse frente al crimen.
Según el informe policial, dos adolescentes de 17 y 14 años entraron a la casa del anciano, lo agredieron con armas blancas y sustrajeron televisores, herramientas y otras pertenencias, valoradas en casi un millón de pesos. La víctima fue encontrada horas después por su propia hija, con lesiones severas en el cuello y fractura nasal, y trasladada de urgencia al Hospital Regional de Copiapó, donde permanece internado luchando por recuperarse.
Lo que hizo estallar la indignación de los vecinos no fue solo el brutal ataque, sino la respuesta comunitaria que siguió. Testigos identificaron a los presuntos asaltantes con las especies robadas y, en vez de esperar la llegada de Carabineros, los retuvieron, amarraron a una reja e incluso aplicaron un “castigo ciudadano” al mayor de ellos, quien recibió un “charchazo” —una paliza con una manguera de presión de agua— en pleno registro viralizado en redes sociales.
Vecinos de Copiapó enfrentan brutal asalto
El video que circula muestra una mezcla de furia, frustración y justicia por mano propia que cada vez se repite más en barrios donde la sensación de desprotección supera al temor de la ley. Esta reacción, aunque comprensible en un país que ha visto multiplicarse los delitos violentos contra personas vulnerables, pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la ciudadanía debe tomar el control cuando las instituciones parecen impotentes? La PDI ya investiga el caso, pero el episodio en Copiapó deja una marca clara sobre el creciente abismo entre el miedo colectivo y el accionar oficial.
En un contexto donde los robos violentos y los ataques a adultos mayores se han vuelto recurrentes en distintas regiones —desde encerronas a robos de automóviles hasta asaltos en la vía pública captados por cámaras de seguridad—, este caso se suma a una larga lista de episodios que evidencian la vulnerabilidad de los más ancianos y la frustración ciudadana ante la inseguridad.
Para muchos habitantes del norte chileno, el relato de Copiapó no es una excepción aislada, sino la confirmación de una crisis de convivencia que exige respuestas urgentes, tanto en prevención del delito como en políticas sociales que frenen la espiral de violencia que amenaza especialmente a los más indefensos. ¿Hasta cuándo la justicia será reactiva y no preventiva? Esa es la pregunta que, tras este impactante registro, pocos en la comunidad están dispuestos a ignorar.
En Copiapó, Chile, agarraron ayer a estos dos que habían acuchillado a un abuelo para robarle. El sonido que hace la cabeza contra el fierro es maravilloso. pic.twitter.com/yAS7Jb1MI1
— Gonzalo (@gonziver) January 16, 2026














