Un nuevo flanco internacional se abrió para La Moneda, luego de que un congresista estadounidense lanzara duras advertencias contra Chile tras conocerse el envío de ayuda humanitaria a Cuba. La reacción no tardó en escalar: desde Washington cuestionaron la decisión y deslizaron posibles consecuencias políticas, encendiendo la polémica y obligando a figuras del Congreso chileno a salir al paso.
La controversia surge tras la determinación del gobierno de aportar recursos para enfrentar la crisis humanitaria que vive la isla, ayuda que —según ha recalcado el Ejecutivo— se canalizará mediante organismos multilaterales y no directamente al régimen cubano. Desde Palacio han insistido en que se trata de una acción “humanitaria, no ideológica”, alineada con aportes previos realizados a otras zonas en crisis.
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Amenaza desde EE.UU. por ayuda a Cuba
Sin embargo, desde Estados Unidos la lectura fue distinta. El parlamentario norteamericano —de línea dura frente a La Habana— amenazó con eventuales repercusiones contra Chile, cuestionando que recursos fiscales terminen beneficiando indirectamente a la dictadura cubana. Sus dichos fueron interpretados en el mundo político local como una intromisión directa en la soberanía chilena, elevando la tensión diplomática más allá de lo estrictamente humanitario.
Quien recogió el guante fue el diputado Johannes Kaiser, que reaccionó públicamente a las advertencias. El parlamentario emplazó tanto al gobierno chileno como al congresista estadounidense, defendiendo su postura crítica al envío de ayuda, pero al mismo tiempo cuestionando cualquier presión externa sobre decisiones soberanas del país. Su intervención agitó aún más el debate, polarizando las posiciones dentro del Congreso.
El episodio se da en medio de un clima político ya crispado por la decisión del Ejecutivo, que ha debido defender reiteradamente el carácter humanitario del aporte, argumentando que busca aliviar la escasez de alimentos, medicinas y energía que afecta a la población cubana. No obstante, la ofensiva verbal desde EE.UU. y la respuesta desde la política local anticipan que la ayuda —más que un gesto solidario— podría transformarse en un nuevo foco de conflicto internacional y doméstico para La Moneda.















