En un nuevo capítulo que vuelve a sacudir al país y pone en entredicho no solo la seguridad de las víctimas y sus familias, sino también el funcionamiento del sistema penal chileno, Cristal Aguilera reapareció públicamente para acusar que su vida —y la de su familia— sigue en peligro pese a que el principal imputado por el asesinato de su hermana permanece en prisión.
La hermana de Krishna Aguilera, joven de 19 años brutalmente asesinada en San Bernardo, no se contuvo en sus declaraciones ante CHV Noticias, donde afirmó con crudeza que “si él sale, yo amanezco muerta”. Con esa frase, Cristal trazó un retrato sombrío de lo que considera una amenaza latente emanada desde el entorno de Juan “el Guatón” Beltrán, imputado por el secuestro y homicidio de Krishna, actualmente en prisión preventiva.
Cristal Aguilera Alza la Voz
El contexto que rodea esta declaración es tan inquietante como contradictorio: Beltrán, a pesar de estar recluido por uno de los crímenes que más conmoción ha provocado en la Región Metropolitana, fue recientemente sancionado en el penal después de intentar organizar una huelga entre los internos, promoviendo demandas tan insólitas como balones de fútbol y paletas de pádel dentro de la cárcel, lo que evidencia su capacidad de liderazgo incluso tras las rejas.
Para la familia de la víctima, sin embargo, esto no es un dato anecdótico: al contrario, se convierte en una prueba más de que Beltrán mantiene influencia y recursos que podrían poner en riesgo a quienes lo señalaron públicamente. “Al tener mucho dinero, en la cárcel siempre vas a estar bien… mi vida, la de mi hija, la de mi sobrina, mi familia, corren riesgo si él sale”, enfatizó Cristal, en una mezcla de desesperación y advertencia directa al Ministerio Público y a los tribunales.
El reclamo de Cristal Aguilera desnuda una realidad compleja: un país que clama justicia no solo por las sentencias que se dictan, sino por la protección efectiva de quienes vienen a colaborar con la verdad. Más allá de la tragedia personal, su testimonio coloca una vez más en la agenda pública una pregunta incómoda: ¿qué tan segura está la testigo cuando el imputado es capaz de articular movimientos internos, aun desde prisión? La respuesta, por ahora, sigue pendiente.












