La fortuna del ex presidente Sebastián Piñera Echenique dejó más que un legado político disputado: también una factura tributaria monumental que su familia decidió saldar de una sola vez, marcando uno de los pagos de impuesto a la herencia más altos de la historia de Chile. Tras casi dos años desde su fallecimiento, la viuda, Cecilia Morel, y sus cuatro hijos desembolsaron alrededor de 167 mil millones de pesos —cerca de US$190 millones— ante la Tesorería General de la República, cumpliendo con el plazo legal para tributar por la herencia dejada por el ex mandatario.
El volumen del tributo no es menor: la herencia de Piñera superó ampliamente los 9 millones de Unidades Tributarias Mensuales, equivalentes a aproximadamente 640 mil millones de pesos, según estimaciones del entorno familiar. Bajo la legislación chilena, los montos que exceden las 1.200 Unidades Tributarias Anuales están gravados con tasas que pueden llegar hasta el 25%, y la familia optó por pagar el total del impuesto en una única operación, en vez de fraccionarlo en hasta tres años como permite la ley.
Familia Piñera paga cerca de US$190 millones en impuesto
Para entender la dimensión de este pago, basta compararlo con otros casos del pasado: la mayor cifra de impuesto de este tipo hasta ahora había sido registrada por la familia del empresario Anacleto Angelini Fabbri, cuyo tributo alcanzó cifras mayores en 2009. Sin embargo, el caso de los Piñera —más del doble del pago de herencias más comunes— vuelve a poner sobre la mesa la enorme brecha entre cómo tributan las élites económicas y la experiencia fiscal de la clase media chilena, que rara vez enfrenta obligaciones de este porte.
Este desembolso también aviva debate tributario: mientras sectores conservadores critican el impuesto a la herencia como una traba al desarrollo económico y al ahorro familiar, otros lo ven como una forma legítima de redistribuir riqueza concentrada, especialmente en un sistema donde el patrimonio de grandes fortunas tiene múltiples mecanismos para sortear cargas fiscales.
El hecho de que la familia Piñera —dueña de participaciones históricas en empresas como Latam, Chilevisión, Clínica Las Condes y más— haya contado con liquidez suficiente para saldar la deuda sin desarmar activos genera lectores divididos entre quienes consideran legítimo el pago y quienes lo interpretan como una exención de facto al tratamiento fiscal que pesa sobre rentas más modestas.
Finalmente, el cierre formal del proceso tributario —que incluye no solo el pago sino la posesión efectiva de la herencia ante el Registro Civil— no solo marca un capítulo legal, sino también simbólico: la fortuna de Piñera, construida durante décadas entre negocios y política, se materializa en cifras que obligan a reflexionar sobre el rol de los impuestos en un país con una de las desigualdades más agudas de la OCDE. En medio de esto, el debate sobre si este pago histórico es un acto de responsabilidad fiscal o simplemente una demostración del poder económico de las élites chilenas continúa encendido.











