Una fuga que parece sacada de una película de escape sacudió ayer las bases del sistema penitenciario chileno: dos reos, identificados como Juan Abdón Flores Valenzuela —alias “Indio Juan”— y Tomás González Quezada, conocido como “Pelao”, lograron evadirse del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur (la antigua ex Penitenciaría de Santiago), vistiendo uniformes de Gendarmería y saliendo por la puerta principal sin ser detectados.
El hecho fue confirmado por el subsecretario de Justicia, Ernesto Muñoz, tras una revisión de cámaras de seguridad y conteos rutinarios de internos que detectaron la ausencia de ambos tras el recuento de la tarde. Según la autoridad, los dos internos cambiaron su vestimenta por prendas compatibles con el uniforme de gendarmes y caminaron por el acceso como si fuesen parte del personal. La fuga ocurrió alrededor de las 12:00 horas del miércoles 25 de febrero, un horario que ha sido descrito como sentido medio para minimizar las sospechas entre custodios.
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Indio Juan y Pelao
Lo que agrava aún más el episodio es el perfil delictual de los prófugos: “Indio Juan” cumple presidio perpetuo calificado por femicidio, mientras que “Pelao” arrastra condenas que incluyen lanzamiento de bombas molotov, homicidio frustrado contra un carabinero y porte de armas, según reportes oficiales que describen sus antecedentes criminales. La presencia de dos internos de alta peligrosidad en libertad representa un peligro latente para las comunidades cercanas, pero también interroga de manera brutal la capacidad de control del propio sistema que debería mantener a estos reclusos bajo custodia.
La repercusión institucional fue inmediata. Gendarmería anunció la destitución de cuatro altos cargos, entre ellos al director regional metropolitano, el alcaide, el jefe operativo y el jefe de régimen interno del penal, en una medida que desnuda fallas operativas y de supervisión dentro de la entidad encargada de la custodia. El director nacional de Gendarmería, Rubén Pérez, calificó el episodio como “situación escandalosa” y de extrema gravedad, reconociendo «fallas estructurales en los protocolos».
La fuga no solo pone en evidencia vulnerabilidades en el control penitenciario —como la posibilidad de que internos accedan a uniformes institucionales sin ser detectados— sino que también plantea serios cuestionamientos sobre la coordinación entre Gendarmería, el Ministerio de Justicia y los sistemas de seguridad pública. Las autoridades han instruido a la Policía de Investigaciones (PDI) a abrir diligencias para reconstruir la dinámica del escape y esclarecer si hubo colaboración interna o fallas deliberadas.
Mientras tanto, las fotografías y los nombres de “Indio Juan” y “Pelao” circulan en operativos de búsqueda y en redes, con un país que observa atónito cómo dos internos de alta peligrosidad logran burlar el sistema por fuera de túneles, rejas o muros: simplemente se pusieron el disfraz adecuado y cruzaron la puerta principal. Este episodio, más allá del bochorno institucional, deja en evidencia cómo las fallas internas pueden ser más eficaces que cualquier muro para romper las cadenas del confinamiento.














