La tragedia de Calama sigue sumando capítulos incómodos. Esta vez, la madre del joven que protagonizó el brutal ataque al interior de un colegio decidió hablar… y lo hizo instalando dudas que incomodan tanto como el crimen mismo. Lejos de asumir una explicación clara, abrió la puerta a dos hipótesis que rozan lo perturbador: una posible influencia externa casi “demoníaca” o la participación en retos digitales extremos.
El caso, que ya había sido calificado como una acción premeditada por la Fiscalía —con planificación detallada y un cuaderno donde el autor describía su “día de ira”—, parecía avanzar hacia una explicación más racional: un ataque escolar deliberado, con rasgos de violencia dirigida. Pero las palabras de la madre tensionan esa línea investigativa, insinuando que algo más oscuro podría haber estado detrás del actuar del joven.
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En ese contexto, una de las teorías que resurge es la del peligroso desafío viral conocido como la “Ballena Azul”, un fenómeno que ha sido vinculado a conductas autodestructivas en adolescentes y que circula en internet desde hace años. Aunque no existen pruebas concretas que lo conecten con este caso, el solo hecho de que sea mencionado refleja el nivel de desesperación —o negación— con el que la familia intenta explicar lo ocurrido.
Sin embargo, los antecedentes duros del caso apuntan en otra dirección. El atacante, de 18 años, habría planificado el crimen durante meses, portando múltiples armas y dejando incluso registros escritos de sus intenciones, en lo que investigadores califican derechamente como una “masacre” frustrada. La víctima fatal fue una inspectora del establecimiento, mientras que otros funcionarios y estudiantes resultaron gravemente heridos.
El punto de fondo es incómodo: mientras la evidencia habla de planificación, odio y una lógica propia de ataques escolares internacionales, el entorno más cercano parece buscar explicaciones externas que desvíen la responsabilidad individual. ¿Negación, dolor o una forma de enfrentar lo inexplicable? En medio de esa tensión, el caso Calama no solo expone una tragedia, sino también el choque brutal entre los hechos y las narrativas que intentan explicarlos.















