Polémico audio sacude caso Cruz-Coke: hijo de Trinidad lo justifica y desata indignación pública
El caso del triple homicidio en La Reina sumó un nuevo capítulo incómodo, de esos que no solo complican una investigación, sino que también remecen la percepción pública. Esta vez, no se trata de una prueba técnica ni de una pericia judicial, sino de un audio brutalmente honesto —o brutalmente imprudente— que expone una dimensión más oscura del entorno familiar.
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El registro, atribuido a Jorge Ugalde —imputado por el crimen—, dejó helados incluso a los panelistas que lo difundieron: en él, se escucha cómo celebra la muerte de la madre de la familia Cruz-Coke, con frases que hablan de “felicidad” y un ambiente festivo tras el fallecimiento. Un material que, aunque corresponde a años anteriores, hoy es utilizado por la Fiscalía para perfilar la conducta del acusado en el marco de la investigación.
Pero el verdadero giro vino después. Lejos de tomar distancia, el hijo de Trinidad Cruz-Coke decidió salir a explicar —y en cierta forma validar— el contenido del audio. Su argumento: no sería extraño reaccionar así ante la muerte de una persona de avanzada edad. La frase, que intenta bajar el tono, terminó haciendo exactamente lo contrario: instalar una polémica aún mayor, donde la discusión dejó de ser judicial y pasó a ser ética.
Polémico audio sacude caso Cruz-Coke
“Celebramos la muerte de mi abuela en mi familia, se brindó con una botella de wiski. Mi abuela tenía demencia civil, estaba ciega, era oxígeno dependiente, estaba muy mal el último tiempo”, dijo.
“Yo también celebré cuando se murió su abuela y mi abuelo. Es normal celebrar y alegrarse cuando la gente se muere a los 92 años, después de largas enfermedades”, sentenció.
En paralelo, otras voces familiares han intentado contextualizar el episodio, asegurando que se trataba de un entorno complejo y de relaciones deterioradas al interior del clan. Sin embargo, esa línea defensiva choca con la crudeza del registro, que muestra no solo distancia emocional, sino una celebración explícita de la muerte, lo que para muchos resulta simplemente imposible de justificar.
Así, el caso vuelve a tensionarse. Porque cuando los antecedentes dejan de ser solo hechos y comienzan a revelar actitudes, el juicio ya no ocurre únicamente en tribunales. También se instala en la opinión pública. Y ahí, el daño —muchas veces— es más difícil de revertir que cualquier medida cautelar.















