La polémica por el llamado “festival porno” financiado con recursos estatales sigue escalando y ahora sumó un nuevo capítulo: la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, salió a blindarse públicamente. En medio de críticas y peticiones de renuncia desde la oposición, la secretaria de Estado marcó distancia total del proceso que permitió que el evento recibiera millonario financiamiento público, asegurando que las autoridades políticas —según sus palabras— no intervienen en esas decisiones.
El foco del escándalo es el “Festival Excéntrico”, muestra audiovisual realizada entre el 23 y el 30 de enero en Valparaíso, donde se exhibieron producciones de carácter pornográfico bajo el concepto “Pasión y Exceso”. La instancia incluyó decenas de funciones, obras de distintos países y una sección dedicada al denominado “Nuevo Porno Chileno”, lo que terminó por encender las alarmas en el Congreso al conocerse que el proyecto superó los $70 millones en financiamiento estatal.
También te puede interesar
Ministra Arredondo se lava las manos
Ante la presión política, Arredondo optó por una estrategia clara: desmarcarse. La ministra defendió que la adjudicación de fondos se realiza a través de comisiones técnicas externas, con bases y reglas previamente establecidas. En esa línea, recalcó que su rol no pasa por decidir qué proyectos se financian, sino por resguardar el funcionamiento del sistema. Una explicación que, lejos de calmar las aguas, avivó la crítica opositora, que acusa falta de criterio en el uso de recursos públicos.
Desde la UDI, RN y el Partido Nacional Libertario ya comenzaron gestiones para citarla a una sesión extraordinaria de la Cámara, buscando que entregue explicaciones formales por el financiamiento del evento. Parlamentarios calificaron de “débiles” sus argumentos y apuntan a responsabilidades políticas más allá de los comités evaluadores.
El episodio volvió a tensionar la delgada línea entre libertad artística y gasto fiscal. Porque mientras el mundo cultural defiende la autonomía de los fondos concursables, en el Congreso la pregunta es otra: quién responde cuando el dinero público termina financiando contenidos que una parte importante del país considera, derechamente, inaceptables. En esa grieta —política, moral y presupuestaria— el caso Excéntrico amenaza con transformarse en un nuevo flanco para La Moneda.














