La controversia estalló con fuerza en redes sociales y escaló rápidamente al debate político: la entrega de millonarios fondos estatales para financiar un festival de cine pornográfico encendió cuestionamientos sobre el destino de los recursos públicos en Chile. Parlamentarios, activistas y usuarios acusaron falta de criterio en la asignación, instalando nuevamente la discusión sobre los límites del financiamiento cultural con dinero fiscal.
Según los antecedentes conocidos, el evento —de carácter internacional y centrado en producciones para adultos— recibió financiamiento a través de fondos concursables destinados a iniciativas artísticas. Fue precisamente ese punto el que detonó la molestia: críticos sostienen que resulta “inaceptable” que recursos estatales terminen respaldando contenidos explícitos, en un contexto país marcado por urgencias sociales en salud, seguridad y educación.
Polémica por millonarios fondos públicos
Desde la organización del festival, sin embargo, rechazaron los cuestionamientos y defendieron la legalidad del proceso. Aseguran que el proyecto fue evaluado bajo los mismos criterios que cualquier otra propuesta cultural, cumpliendo requisitos técnicos y administrativos. Además, recalcaron que el cine para adultos forma parte de la industria audiovisual y que su exhibición se enmarca en espacios restringidos, para mayores de edad.
Los organizadores fueron más allá y acusaron que las críticas responden a prejuicios ideológicos y a intentos de censura. Argumentan que excluir este tipo de contenidos del financiamiento público abriría la puerta a vetos morales sobre otras expresiones artísticas. “Se trata de cultura, guste o no”, deslizan desde la producción, defendiendo la diversidad de miradas dentro del circuito audiovisual.
Pese a las explicaciones, el ruido político no baja. Sectores opositores anunciaron oficios de fiscalización para revisar los criterios de asignación, mientras que desde el oficialismo algunas voces marcaron distancia, evidenciando incomodidad. El episodio vuelve a tensionar la delgada línea entre libertad artística y prioridad en el uso de recursos públicos, una discusión que —lejos de cerrarse— suma un nuevo capítulo cargado de polémica.












