El uso de celulares, tablets y otros dispositivos electrónicos dejó de ser una excepción entre los niños chilenos y se transformó en parte de la rutina diaria de miles de familias. Sin embargo, un reciente estudio volvió a encender las alertas: el 55% de los menores en Chile comienza a utilizar pantallas antes de cumplir los siete años, una realidad que preocupa a especialistas por las consecuencias que podría tener en su desarrollo.
La evidencia recopilada muestra que el acceso cada vez más temprano a dispositivos digitales está modificando hábitos de aprendizaje, descanso y socialización.
Aunque la tecnología puede convertirse en una herramienta educativa cuando se utiliza de manera adecuada, los expertos advierten que un uso excesivo o sin supervisión puede afectar la concentración, el desarrollo del lenguaje y las habilidades para interactuar con otras personas.
Los especialistas también alertan sobre el impacto que las pantallas pueden tener en la salud física y emocional de los niños.
Pantallas desde la primera infancia
«El uso precoz y prolongado de dispositivos digitales puede interferir en etapas fundamentales del desarrollo infantil», señalaron durante la presentación de los antecedentes, insistiendo en que los padres y cuidadores cumplen un rol clave para establecer límites y promover actividades que favorezcan el juego, la lectura y la interacción presencial.
Otro de los aspectos que genera preocupación es el tiempo de exposición durante las horas previas al descanso. Diversas investigaciones han asociado el uso de pantallas antes de dormir con alteraciones en la calidad del sueño, una situación que puede repercutir en el rendimiento escolar, el estado de ánimo y el bienestar general de los menores.
A ello se suma el acceso a contenidos que muchas veces no son apropiados para la edad, especialmente cuando no existe supervisión adulta.
Frente a este escenario, los expertos llaman a las familias a construir hábitos digitales saludables desde los primeros años de vida. Más que demonizar la tecnología, la recomendación apunta a utilizarla con criterios claros, privilegiando contenidos educativos, estableciendo horarios definidos y fomentando espacios libres de pantallas dentro del hogar.
En una sociedad cada vez más conectada, el verdadero desafío no es impedir que los niños accedan a la tecnología, sino enseñarles a convivir con ella sin que termine reemplazando experiencias esenciales para su crecimiento y desarrollo.





