La actriz Claudia Pérez, faro de generaciones que la recuerdan tanto por Ídolos como por Como la vida misma, ha escrito un nuevo capítulo en su vida sentimental que parece salido directamente de una teleserie romántica. Tras casi un año separada de Rodrigo Muñoz, con quien mantuvo un matrimonio de más de 30 años y dos hijas, Pérez encontró el amor lejos de los camarines y las tablas, y fue su propia hija, Daniela Gala, quien jugó un papel decisivo en este reencuentro casual con su actual pareja.
El protagonista de esta historia es Carlos, un ingeniero con vena musical totalmente ajeno al ambiente de las artes escénicas, quien llegó a la vida de Pérez casi por azar. Según relató la actriz en una reciente conversación con La Firme, su hija mayor venía mencionando durante semanas que “el papá de…”, refiriéndose al hombre, era conocido en el círculo escolar por ser padre de un compañero de curso. En una jugada que parecía guiada por el destino, Daniela decidió invitarlo al cumpleaños de su madre, lo que marcó el primer cruce de miradas.
Lo que en un principio fue un encuentro “piola” —como lo describió la actriz— terminó transformándose en algo más profundo, pero no sin antes ofrecer una escena digna de guion: Pérez se topó con Carlos de manera fortuita en el colegio de su hija, justo el día en que una portada de diario anunciaba públicamente su separación de Muñoz, un cruce de circunstancias que ella calificó de “muy, muy incómodo”. A pesar de ese contexto explosivo, ambos sintieron afinidad y se animaron a una segunda salida al teatro, esta vez a ver una obra titulada El amor, un guiño casi cinematográfico a lo que estaba por venir.
Claudia Pérez apuesta al amor fuera del teatro
Pérez ha descrito su relación con Carlos como distinta y liberadora, alejada de las urgencias propias de la vida matrimonial que vivió anteriormente. La actriz valoró especialmente que él provenga de un mundo profesional distinto al suyo, lo que ha permitido que no exista competencia ni presión de egos, sino admiración mutua. “Me encanta lo que hace y me enseña muchas cosas, ¡y yo le enseño muchas cosas!”, explicó, resaltando la complementariedad de sus mundos.
Hoy, a casi un año desde su separación formalizada tras varios meses de proceso emocional, Pérez parece haber encontrado un equilibrio que combina amistad, afecto y complicidad con Carlos, de quien destaca no solo su lado ingenieril, sino también su faceta artística como músico. Esta historia, impulsada por la intuición de su hija y marcada por giros que bien podrían escribirse en un libreto dramático, consolida un renacer personal y sentimental para la actriz, quien no duda en describir esta etapa como “bonita y tranquila, sin prisa, con ganas de vivir el día a día”.
Este relato añade otra capa a la narrativa pública de Pérez: no solo como actriz veterana que ha atravesado un quiebre familiar profundo, sino como mujer que se reinventa sin temor a cruzar fronteras afectivas o profesionales, impulsada por los mismos lazos familiares que una vez marcaron su camino en la actuación.












