Lo que comenzó como un simple cuento del tío acabó siendo una estafa de diseño casi profesional que dejó a la destacada actriz Amparo Noguera sin gran parte de los ahorros acumulados durante casi cuatro décadas de trabajo artístico. Así lo estableció una investigación de la Policía de Investigaciones (PDI) y el Ministerio Público, que logró desarticular a una banda delincuencial que simuló ser ejecutivos bancarios y agentes policiales para manipular psicológicamente a la víctima y vaciar sus cuentas.
El fraude se prolongó entre el 1 y el 8 de octubre de 2025, una semana en la que Noguera fue sometida a un sofisticado operativo de engaños telefónicos, visitas falsas a su domicilio y presión constante. Los estafadores, liderados por una mujer identificada como Jenny Ramos Ibarra, contactaron por teléfono a la actriz haciéndose pasar por ejecutivos del Banco de Chile y supuestos funcionarios de la PDI, alertándola de una intervención policial ficticia en sus cuentas.
Mediante un discurso técnico y empático, los delincuentes la convencieron de enviar imágenes de sus objetos de valor y entregar tarjetas de crédito junto a dinero en efectivo bajo el argumento de “protegerlas” en un proceso de investigación. En realidad, estos individuos —que incluían a cómplices como Brandon Acuña Montero, José Cabrera y Hernán Campos— realizaron compras en tiendas de lujo, solicitaron giros en cajeros y vaciaron fondos de inversiones, acumulando transacciones extraordinarias que superan, por ahora, cientos de millones de pesos.
“Ocho días de engaños y miedo”
El reporte criminal detalla que en el primer día de la estafa ya habían extraído más de $20 millones en compras con tarjetas en espacios como Mac Online y Nike, además de giros en efectivo desde sucursales bancarias. A medida que la investigación avanzó, se confirmó que los estafadores incluso manejaron direcciones de envío pertenecientes a cómplices en Renca e Iquique para recepcionar bienes robados.
La sofisticación del modo operandi incluyó mantener al menos uno de los teléfonos bajo control permanente, con “seguimientos” ficticios y constantes comunicaciones que buscaban aislar psicológicamente a la actriz y evitar que buscara consejo externo. El objetivo explícito de la banda, según el avance de la indagatoria, era presionar a Noguera para que retirara efectivo, entregara tarjetas y realizara autorizaciones fraudulentes con la promesa de que todo se revertiría tras la detención de los falsos criminales.
Las diligencias culminaron con más de diez imputados privados de libertad, acusados por delitos que incluyen asociación ilícita, estafas reiteradas, usurpación de identidad y uso malicioso de instrumento público, además de la entrega de bienes ajenos y lavado de activos. Entre los involucrados hay personas con antecedentes por estafas similares, además de conexiones con internos de penales que fueron utilizadas como parte de la red de comunicaciones y logística delictiva.
La propia Noguera publicó un comunicado en sus redes sociales calificando la experiencia como “ocho días de tortura psicológica y miedo”, y precisó que si bien el monto citado por algunos medios —700 millones de pesos— no es exacto, sí representa la pérdida de los ahorros de toda su vida laboral. Asimismo, hizo un llamado a respetar su proceso personal y pidió que la prensa no busque declaraciones directas mientras avanza la investigación.
Este caso expone una vulnerabilidad crítica en los controles de seguridad financiera y en los procedimientos con clientes de alto patrimonio, lo que ha generado cuestionamientos no sólo sobre la actuación de la banda criminal, sino también sobre cómo instituciones y sistemas pueden evitar que este tipo de fraudes persista a costa de víctimas que, aún siendo figuras reconocidas, terminan aisladas bajo tácticas psicológicas y manipulaciones altamente planificadas.















