La discusión alrededor del nombramiento de Judith Marín como ministra de la Mujer y Equidad de Género en el futuro gobierno de José Antonio Kast no se ha limitado a analistas políticos o legisladores: la polémica se desbordó este jueves en el matinal Tu Día, donde el periodista José María del Pino lanzó una crítica frontal que encendió el estudio y puso sobre la mesa tensiones no resueltas sobre género, diversidad y la función del Estado.
Del Pino no se fue por las ramas: recordó en vivo que Marín, antes de este nombramiento, había apelado al Consejo Nacional de Televisión (CNTV) para que se permitiera exponer terapias de reconversión para homosexuales en televisión, prácticas que hoy están prohibidas y consideradas dañinas a nivel internacional, y que contrastan con las leyes chilenas que protegen la diversidad sexual. Su crítica apuntó directamente a la incongruencia aparente de que alguien con esos antecedentes vaya a liderar un ministerio que debe velar por la igualdad y la no discriminación.
El debate escaló cuando el diputado Raúl Leiva intentó moderar la discusión, afirmando que Marín merece una oportunidad pese a sus posturas, y el diputado Andrés Longton (RN) calificó de “intolerante” cualquier rechazo. Pero la tensión explotó con la intervención de Ignacio “Nacho” Gutiérrez, quien respondió con un alegato personal: “Yo, que soy homosexual, casado con un hombre […] trabajo con cristianos y tengo una excelente relación laboral”, afirmando que las personas podían convivir y colaborar más allá de visiones personales o religiosas distintas.
“Soy casado con un hombre”
Ese momento desnudó el problema de fondo: no es solo la trayectoria de Marín lo que divide, sino cómo las convicciones personales —religiosas, ideológicas o morales— se traducen o no en políticas públicas que afectan derechos y vidas reales. Del Pino insistió en que ciertos planteamientos sobre diversidades sexuales y género no pueden ser dejados de lado por un cargo que debe responder a todas las mujeres y diversidades, mientras que Gutiérrez defendió la idea de que las personas cambian, se moderan y pueden desempeñarse con respeto hacia quienes piensan distinto.
Este cruce televisivo se produce en un contexto donde el nombramiento de Marín ha sido simultáneamente celebrado por sectores conservadores y criticado por activistas feministas y de diversidad sexual, que recuerdan, por ejemplo, su participación en protestas contra el aborto y su postura explícita en contra de derechos reproductivos. La polarización no es gratuita: refleja la batalla cultural que se juega en Chile sobre qué significan igualdad y equidad en la práctica, no solo en el discurso.
Del Pino, reconocido por su estilo directo y crítico, no se conformó con un debate administrado; lo empujó hacia algo más profundo: ¿puede alguien con posturas conservadoras sobre sexualidad liderar un ministerio que debe garantizar derechos conquistados? Mientras el país observa y las reacciones se multiplican en redes, la respuesta tendrá implicancias políticas y sociales más allá de un panel matinal, tocando fibras sensibles sobre identidad, igualdad y la función del Estado en tiempos de cambio.















