La investigación por la desaparición y posterior muerte de la activista mapuche Julia Chuñil (vista por última vez el 8 de noviembre de 2024) ha dado un giro inquietante con la aparición de audios grabados un mes antes de la detención de uno de sus hijos. Los mensajes, que reflejan un estado de ánimo agresivo y amenazas explícitas, se suman a un expediente ya cargado de aristas controvertidas y familiares, intensificando el debate sobre qué ocurrió realmente en el hogar de Chuñil.
En medio de las diligencias, el Juzgado de Garantía de Los Lagos autorizó la demolición de una vivienda y una bodega en un predio vinculado a la causa, buscando levantar más evidencia física que permita esclarecer los hechos. Tres de los hijos de la mujer están siendo investigados: Javier Troncoso Chuñil, formalizado como presunto autor material del parricidio de su madre y en prisión preventiva; Jeannette Troncoso Chuñil y Pablo San Martín Chuñil, que enfrentan arresto domiciliario total y arraigo nacional, respectivamente.
Los audios, enviados por Javier el 2 de diciembre, muestran a un hombre con un lenguaje que no solo expresa frustración y rabia, sino amenazas directas. En uno de los registros se le oye decir: “Tengo cualquier rabia hueón, voy a eliminar a un par de hueones”, mientras que en otro agrega: “Yo soy malo hueón, y que vengan todas las tropas de militares, aquí los estoy esperando”.
Surgen nuevos antecedentes claves
La misma voz mezcla luego la angustia de no encontrar a su madre con advertencias que, para la Fiscalía, pintan un panorama emocional caótico y potencialmente violento en el seno familiar.
Estos nuevos antecedentes se suman a un contexto ya complejo: según reportes previos, Chuñil había denunciado episodios de violencia intrafamiliar repetidos desde años antes de su desaparición, con registros de amenazas y conflictos entre los miembros de la familia. Algunos vecinos e incluso escuchas telefónicas autorizadas por la justicia señalaban miedo constante y súplicas de auxilio que rara vez fueron atendidas con políticas de protección efectivas.
El revuelo que generan estos audios es doble: por un lado, alimentan la línea investigativa que apunta a un posible acto de violencia intrafamiliar culminado en parricidio, algo que la Fiscalía ya formalizó; por otro, reavivan las preguntas sobre qué señales de alarma se ignoraron en la vida cotidiana de Chuñil antes de su desaparición y si la violencia en su entorno era más profunda de lo que se visibilizó inicialmente.
A nivel social, estos antecedentes han provocado debate en redes y sectores comunitarios sobre la complejidad del caso: desde quienes claman por justicia para la dirigente —acusando un montaje judicial— hasta quienes consideran que los propios familiares podrían haber estado implicados. Todo esto ocurre en un país que ha visto cómo casos de violencia intrafamiliar y desapariciones se entrelazan con narrativas políticas y de derechos humanos, amplificando la polarización de la opinión pública.
Mientras la Fiscalía continúa su trabajo y se esperan nuevas diligencias, la filtración de estos audios pone de manifiesto que este caso está lejos de ser una historia simple de desaparición: es un entramado de amenazas, posibles encubrimientos y tensiones familiares que ahora están en la mira de la justicia chilena.














