En plena gira por el Maule, el presidente Gabriel Boric decidió cambiar por un momento la agenda institucional por una personal. Y no fue casual. Tras la circulación en redes de una imagen de su hija Violeta que generó comentarios ácidos —algunos derechamente burlescos— el Mandatario optó por responder. No con una vocería oficial ni con un punto de prensa, sino con un dibujo infantil.
Desde Licantén, el jefe de Estado publicó en sus redes una ilustración que le regaló una niña llamada Sofía. En el dibujo aparecía él junto a su hija, destacando los “rulos rebeldes” que días antes habían sido objeto de críticas en internet. El mensaje fue claro: donde algunos ven motivo de burla, otros ven ternura. Y Boric eligió ese contraste como trinchera.
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Boric contra los “amargados”
Pero el Presidente no se quedó solo en la emoción. En su publicación apuntó directamente contra quienes cuestionaron la imagen de su hija, calificándolos como “pocos amargados”. La frase no es inocente. En tiempos donde cada gesto presidencial se analiza con lupa, Boric vuelve a mezclar lo íntimo con lo político, tensionando esa frontera difusa entre la vida privada y la investidura pública. Defender a su hija es, también, defender su relato de cercanía.
La escena deja varias lecturas. Para sus adherentes, el gesto humaniza al Mandatario y evidencia una sensibilidad que no teme exponerse. Para sus críticos, en cambio, se trata de una sobrerreacción que convierte una polémica digital en discurso político. Lo cierto es que el episodio confirma algo que ya es marca registrada del actual Gobierno: las redes sociales no son solo un canal de comunicación, sino un campo de batalla simbólico donde incluso un dibujo puede transformarse en declaración de principios.
















