En un capítulo casi cinematográfico que pocos esperaban, el libro “El horror enmascarado” —investigación que desentraña el funcionamiento de la DINA y la vida posterior de sus protagonistas— revela un episodio que conjuga despojo, fracaso personal y la caída de uno de los herederos del aparato represivo más infame de Chile. Manuel Contreras Valdebenito, hijo de Manuel “Mamo” Contreras, intentó en 2024 obtener una pensión de gracia del Estado, enviando una carta directamente al Presidente Gabriel Boric, y fue rechazado sin contemplaciones.
Valdebenito, un hombre ya entrado en sus sesenta años y marcado para siempre por el apellido de su padre —jefe de la DINA durante la dictadura de Pinochet—, vivió sus últimos días en una mezcla de marginación, pobreza y rechazo social, según cuenta el periodista Rodrigo Cid Santos en su obra que se apoya en entrevistas y documentos inéditos. En septiembre de 2024 entregó la carta con esperanza: pedía una pensión de gracia —un beneficio excepcional que el Estado concede en circunstancias especiales— argumentando que había sido discriminado y que no encontraba trabajo estable.
La respuesta que llegó dos meses después, a través de una funcionaria del Ministerio del Interior, fue tajante: no calificaba para ninguna gracia porque, según los estándares oficiales, no había aportado nada destacable al país. Ese rechazo frío, administrativo, simbolizó en buena medida el cierre definitivo de una era de privilegios indebidos y complicidades históricas. Valdebenito resumió el golpe con crudeza: “Me quedé para adentro”, confesó, reflejando el impacto psicológico y económico de verse sin apoyo y sin legado legítimo que defender.
El triste epílogo del “Mamito”
Pero la historia va más allá de una simple negativa burocrática. En el relato de Cid Santos, Valdebenito profundiza en su infancia y en los traumas cruzados por la violencia familiar y política de los setenta y ochenta, incluyendo el asesinato del padre de su exesposa, el capitán Joaquín Molina Fuenzalida, un episodio que marcó a toda una familia y que la actriz Gloria Benavides describió con dolor en entrevistas previas.
Lo que emerge es a la vez un reflejo de la historia nacional y un síntoma de cómo las sombras del pasado pueden alargar sus efectos sobre generaciones enteras. El libro no se limita a examinar la maquinaria represiva de la dictadura: también reconstruye cómo aquellos vinculados a ella intentan, décadas después, encontrar un lugar en una sociedad que cerró filas contra los crímenes de derechos humanos y aseguró que no habría impunidad ni rescates sentimentales.
El rechazo a Valdebenito también plantea una pregunta incómoda sobre la memoria y la reparación: ¿puede alguien desligarse del peso de su apellido cuando ese apellido está atado a torturas, desapariciones y terror estatal? El hecho de que ni siquiera la petición simbólica de una pensión de gracia fuera considerada —en un país donde otras figuras de controversia han obtenido beneficios similares— revela el umbral moral que la justicia y la sociedad chilena imponen incluso décadas después del fin de la dictadura.















