En medio de la peor temporada de incendios forestales en décadas —que ya ha llevado al Gobierno a declarar estado de catástrofe, con decenas de fallecidos, miles de evacuados y miles de hectáreas quemadas en Ñuble, Biobío y otras regiones— una explicación técnica sobre cómo se combate un megaincendio dejó perpleja a la periodista Monserrat “Monse” Álvarez y expone un debate que trasciende la retórica mediática y llega al núcleo del combate contra el fuego.
El exdirector regional de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Jorge Morales, fue invitado al matinal Buenos Días a Todos para hablar de lo que muchos ciudadanos no comprenden: cómo se combate realmente un incendio de gran magnitud.
Lo que vino después fue un choque entre la simplicidad del sentido común y la complejidad técnica del combate de incendios forestales. Morales explicó que técnicas como el “contrafuego” —prender fuego controlado para detener la propagación de otro mayor— no solo son parte de la teoría sino una herramienta histórica y práctica que se sigue utilizando.
“La Conaf, se lo digo sin maldad… ¿tiene que andar con líquidos acelerantes, con bencina, para prender fuego como contrafuego?”, preguntó, con incredulidad, la conductora Monse Álvarez, a lo que Morales respondió que sí, hace décadas se emplean agentes acelerantes en condiciones controladas para establecer líneas de defensa y consumir el combustible disponible antes de que el fuego principal lo haga.
Esta lógica, que puede sonar paradójica e incluso contraintuitiva para el oído ciudadano, forma parte de la táctica de supresión activa que Conaf y Bomberos coordinan en terreno.
Exdirector de Conaf deja en evidencia el manejo de incendios
Morales también hizo hincapié en algo que los mapas de calor y noticias no siempre dejan claro para el público general: en un incendio no importa tanto la especie arbórea (pino, eucalipto, alerce, álamo), sino que “se quema el material lignocelulósico” —es decir, la materia orgánica que compone la madera y hojas— y esto explica por qué el fuego avanza con una ferocidad similar en diferentes bosques.
Además, planteó que la acción de Conaf y los bomberos debe ser complementaria: mientras la policía forestal “trabaja para afuera” enfrentando el frente del fuego, bomberos debe “trabajar para adentro”, protegiendo casas y zonas urbanas en el borde de la emergencia.
Este testimonio, aunque técnico, llegó en un momento en que muchos ciudadanos afectados por los incendios se sienten desinformados o poco representados por los balances oficiales, que suelen centrarse en cifras de superficie quemada sin traducirlas en estrategias operacionales comprensibles.
En un contexto donde Conaf reporta más de 20 siniestros activos bajo alerta roja en varias regiones, y donde las condiciones climáticas extremas —con temperaturas que superan los 35-38 °C y vientos fuertes— hacen que cada incendio sea un desafío monumental, este tipo de explicaciones ayudan a entender por qué apagar un fuego es mucho más que echar agua sobre la llama visible.
Sin embargo, alto conocimiento técnico no exime al organismo de críticas; voces ciudadanas y políticas han cuestionado la capacidad, coordinación y recursos de Conaf, especialmente cuando los incendios se mezclan con zonas urbanas y demandas de evacuación masiva.
Mientras tanto, especialistas y exfuncionarios —como Morales— insisten en que la educación pública sobre técnicas de combate y prevención es clave para una comprensión más realista de lo que enfrentan bomberos y brigadistas cada verano. En un país donde las olas de calor se vuelven más frecuentes y la temporada de incendios se prolonga, estas explicaciones, aunque sorprendentes, son parte del debate que Chile necesita enfrentar.














