El senador Felipe Kast encendió nuevamente las redes y el debate público tras compartir un relato estremecedor sobre una experiencia personal en Cuba, donde afirmó haber visto a una niña de 13 años entrar a un hotel con un hombre de 65, en lo que —según él— fue una imagen de abuso y explotación infantil que le provocó indignación y desilusión con el régimen comunista de la isla.
Las palabras del parlamentario no solo parecieron diseñadas para impactar, sino para reforzar su crítica política al sistema cubano y por extensión —aunque sin citarlo explícitamente— a cualquier modelo que, según él, subordina derechos fundamentales a la ideología.
Kast relató el episodio en el contexto de una visita que realizó al país caribeño mientras estudiaba sociología y economía marxista, y luego de regresar en varias ocasiones —incluso tras casarse con una ciudadana cubana— aseguró que ese recuerdo se le quedó grabado como una de “las cosas más chocantes” que vio.
Felipe Kast explota en redes con relato
“Dentro de un hotel veo a una niñita de 13 años entrando con un viejo de 65… estos conch…”, dijo con visible molestia, usando lenguaje crudo que rápidamente fue viralizado en plataformas sociales.
La frase, fuerte y deliberadamente provocadora, fue acompañada de una crítica más amplia del senador hacia lo que denominó el “secuestro de un país por parte de los regímenes comunistas”, una lectura que Kast ha sostenido repetidamente al contrastar su visión de libertades individuales y derechos humanos con el modelo político cubano.
En sus declaraciones también recordó haber sido detenido y maltratado por las autoridades de ese país cuando apoyó a grupos disidentes, como las Damas de Blanco, durante una de sus estadías.
Pero más allá del testimonio, lo que ha generado ruido en el espectro político y mediático chileno es cómo la anécdota se utiliza como instrumento retórico para alimentar una narrativa política amplia. Para algunos analistas, la forma en que Kast relató el episodio —mezclando lenguaje chocante con críticas ideológicas— no solo busca denunciar abusos reales, sino asociar simbólicamente la falta de libertades políticas con supuestos fracasos éticos y sociales en sistemas contrarios al suyo. En redes, críticos han señalado que el senador usa relatos impactantes como palanca para reforzar su agenda política conservadora con un fuerte componente emocional.















