La investigación por la desaparición y presunto homicidio de Julia del Carmen Chuñil, dirigente mapuche de Máfil, entró en una nueva y decisiva fase esta semana cuando las excavadoras y perros policiales comenzaron a remover el terreno de la casa donde la mujer fue vista por última vez, buscando evidencias que podrían cambiar radicalmente la percepción del caso.
Hasta ahora, las diligencias judiciales se habían concentrado en peritajes preliminares y testimonios que apuntan a personas del entorno cercano de Chuñil. Sin embargo, el permiso de demolición y excavación dictado por la justicia abrió la puerta a remover una bodega y otras áreas del predio, donde ya se detectaron manchas de sangre humana en paredes y herramientas, un hallazgo que podría conectar materialmente el terreno con la escena del crimen.
Lo que ha llamado poderosamente la atención de los investigadores no es sólo la presencia de rastros hemáticos, sino un “radier” de cemento en la bodega que no figuraba en los registros del inmueble, lo que generó sospechas de que pudo haber sido instalado después de la desaparición de Chuñil. La Fiscalía y los peritos especializados apuntan a que ese piso podría haber servido para ocultar restos o alterar el terreno de forma deliberada, un antecedente que obligó al tribunal a autorizar medidas más intrusivas de excavación.
Excavaciones destapan rastros de sangre
Paralelamente, el Ministerio Público profundiza en declaraciones que apuntan a posibles homicidios en el mismo predio. Según fuentes judiciales, el exyerno de Chuñil, actualmente con arresto domiciliario, habría entregado datos que sugieren que la víctima fue asesinada y enterrada en ese sitio, lo que ha redirigido intensamente las búsquedas hacia el entorno inmediato de la casa.
Este giro en la investigación se produce en medio de sospechas profundas y contradicciones públicas. La Fiscalía anteriormente cuestionó incluso la existencia de elementos —como el perro “Cholito” que supuestamente acompañaba a Julia— que hoy parecen ser parte de relatos que no resisten escrutinio probatorio.
Además, otros antecedentes recogidos en el expediente —como el hallazgo de la cédula de identidad de Chuñil en la casa de uno de sus hijos imputados— han complicado aún más la lógica de la causa y alimentan la hipótesis de un homicidio familiar, en desmedro de versiones más amplias que lo vinculaban con conflictos territoriales o externos a la familia.
Con los resultados de los análisis de sangre humana pendientes en elementos como hachas y machetes, y con excavaciones que ahora avanzan sobre terreno firme, la Fiscalía parece estar cada vez más cerca de reconstruir lo ocurrido en noviembre de 2024. El caso, que prendió las alarmas nacionales por su posible implicancia política y social, podría dar un vuelco definitivo no sólo en los hechos probados, sino también en cómo se interpretó a Chuñil en vida y en muerte.














