El caso de la desaparición y presunto homicidio de la activista mapuche Julia Chuñil —que mantiene en vilo a la comunidad de Máfil y a la opinión pública chilena desde noviembre de 2024— volvió a dar un giro inesperado esta semana tras una declaración del exyerno de la dirigente que podría reconfigurar las pruebas y poner bajo cuestionamiento la propia lógica de la investigación.
En medio de las excavaciones que siguen activas en el domicilio de Chuñil —donde Carabineros ha encontrado rastros de sangre humana en el terreno y en herramientas, y un radier no registrado que está siendo intervenido por personal especializado— la fiscalía enfrentó una nueva arista: Flavio Bastias Bastidas, exyerno de la víctima y uno de los imputados, aseguró que la declaración que había entregado anteriormente ante las autoridades no era válida porque no contaba con la asistencia de un abogado en ese momento.
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Este hecho, aparentemente técnico, tiene un impacto práctico y simbólico enorme: la Fiscalía podría verse obligada a reconsiderar o incluso reabrir elementos esenciales del proceso si se confirma que uno de los testimonios más contundentes carecía de garantías legales básicas. Fuentes vinculadas al caso señalan que ello podría atrasar aún más la búsqueda de respuestas sobre qué ocurrió realmente con Chuñil, cuyo paradero sigue sin ser resuelto tras más de un año de indagatorias.
Exyerno VOLTEA INVESTIGACIÓN
La declaración de Bastias se suma a un mosaico de versiones contradictorias que ya complican la escena: durante semanas, reportes recogidos por medios y policías describen la detención de tres hijos de Chuñil y del mismo Bastias, acusados por la Fiscalía de estar involucrados en una eventual agresión fatal dentro del hogar familiar. Un testigo clave habría relatado que ocurrió una pelea entre Julia y uno de sus hijos, seguido por la supuesta eliminación de prendas y evidencias en torno a la vivienda.
Pero más allá del relato forense, el trasfondo social y político del caso se mantiene como una llaga abierta: mientras algunos sectores han denunciado posibles omisiones y fallas en el manejo probatorio —incluyendo supuestos antecedentes extraviados por la Fiscalía de Los Ríos— otros siguen apelando a narrativas de violencia intrafamiliar y pacto de silencio para explicar lo sucedido.
En este contexto, la validación o invalidez de un testimonio clave puede no sólo alterar la ruta judicial, sino también alimentar la polarización sobre cómo se han interpretado los hechos alrededor de una mujer que, hasta antes de su desaparición, era vista como una figura de liderazgo comunitario.
A medida que avanza el verano y las excavaciones siguen su curso con perros, georradares y peritos en campo, el caso Chuñil sigue siendo un laberinto de versiones cruzadas, pruebas en disputa y voces que exigen claridad. La declaración del exyerno no sólo sacude el proceso legal: devela, una vez más, que en este caso chileno, la verdad judicial está lejos de ser lineal o indiscutible.















