Apenas se conoció el nombramiento de Natalia Duco como nueva ministra del Deporte en el gabinete del presidente electo José Antonio Kast, una de las voces más agudas del periodismo deportivo chileno no dudó en poner la sombra sobre la decisión.
El comentarista Juan Cristóbal Guarello, reconocido por su estilo frontal y crítico, destrozó en su programa la elección de la exatleta, calificándola como “una señal muy mala” para el deporte y poniendo sobre la mesa un episodio que Duco había intentado dejar atrás: su pasado doping positivo en 2018.
Guarello no se limitó a un comentario casual: durante su espacio La Hora de King Kong afirmó que una fuente con “40 años de experiencia en atletismo” le aseguró que la percepción dentro del mundo deportivo era que el nombramiento enviaba un mal mensaje. “La señal es muy mala”, repitió el periodista, apelando no solo a su opinión sino a lo que describió como una sensación transversal entre entrenadores y profesionales.
El punto más duro del comentario de Guarello fue su crítica directa al episodio de doping por el que Duco fue sancionada por tres años al arrojar positivo a GHRP-6, una sustancia que estimula la hormona del crecimiento y que según él no fue un error aislado, sino parte de un “dopaje planificado con mucho tiempo”. Para Guarello, no se trató de una “picardía deportiva” sino de una práctica sistemática, algo que —en su visión— descalificaría a alguien para liderar las políticas públicas del deporte chileno.
Guarello no se guarda nada
El periodista incluso recordó que había trabajado con Duco en un panel para los Juegos Panamericanos, defendiendo que como colega es “perfecta”, pero cuestionó tajantemente su papel como formuladora de políticas: “como persona que va a hacer las políticas deportivas de Chile, la señal es muy mala”, remató, enfatizando que su postura no era una crítica política, sino un eco del mundo del deporte.
Esta arremetida enciende un debate más profundo sobre ¿qué representa hoy el deporte chileno en el ámbito público? Duco, con su carrera que incluye cuatro Juegos Olímpicos y cinco Mundiales, ha sido una figura inspiradora para muchos jóvenes, destacándose también por su rol como embajadora de los Juegos Deportivos Escolares 2024 y 2025 y su trabajo con niños y adolescentes.
Sin embargo, el pasado de dopaje —revivido por Guarello— complica su nuevo rol en un contexto donde el deporte chileno busca recuperar credibilidad y liderar con transparencia.
Más allá de la figura de Duco, las críticas de Guarello también reflejan una tensión cultural en el país: el deporte ya no es solo performance, también es política, ética y símbolo de valores públicos.
Y cuando una designación de gabinete revive capítulos oscuros de la historia deportiva, no solo genera ruido mediático, sino que obliga a preguntarse si basta la leyenda y los méritos competitivos para dirigir estructuras que deben promover equidad, prevención de dopaje y valores formativos en los más jóvenes.















