En medio de la peor emergencia por incendios forestales que han devastado la macrozona centro-sur del país, el presidente electo José Antonio Kast se vio obligado a enfrentar una teoría conspirativa que circula con fuerza en redes y comunidades afectadas: la supuesta vinculación entre el desastre y el proyecto minero de Aclara, empresa que busca explotar tierras raras en la zona de Penco y Tomé.
El cruce ocurrió durante una visita de Kast a la zona cero de los incendios en Penco, donde una vecina le preguntó directamente sobre si la firma minera —que levanta sospechas entre algunos sectores por el impacto ambiental de su proyecto— tenía relación con el inicio o propagación del fuego. Lejos de alimentar rumores, el mandatario electo respondió con una frase que rápidamente se viralizó: “No creo que alguien pueda utilizar algo así para generar esto”, descartando cualquier vínculo intencional entre la empresa y los siniestros que han consumido miles de hectáreas.
La minera Aclara, por su parte, también salió a defenderse. A través de comunicados públicos, la empresa calificó como “afirmaciones falsas, irresponsables y malintencionadas” las especulaciones que la señalan como causa del megaincendio. Su proyecto —orientado a la extracción de minerales utilizados en tecnologías verdes y electromovilidad— ya ha sido motivo de debate social y ambiental en la región, pero hasta ahora no existe evidencia oficial alguna que la conecte con el desastre natural que afecta a Biobío y Ñuble.
Kast apaga teorías conspirativas
Desde el entorno de Kast se subrayó que, más allá de descartar teorías sin sustento, la prioridad es atender la emergencia y ayudar a los damnificados, antes de entrar en análisis sobre causas hipotéticas que podrían alimentar desinformación o tensiones injustificadas. Esta postura coincide con otros llamados recientes del mandatario electo a poner énfasis en la acción sobre el discurso, mientras brigadistas, bomberos y comunidades siguen luchando contra focos activos de incendio.
La respuesta de Kast pone en evidencia la persistente desconfianza ciudadana en contextos de desastre, donde narrativas alternativas y teorías de culpa suelen surgir con rapidez. En este caso, la mezcla entre un proyecto minero polémico y una tragedia de gran magnitud creó un caldo de cultivo para especulaciones que ni las autoridades ni la evidencia actual respaldan. Incluso en comunidades afectadas —según conversaciones en redes sociales— algunos usuarios han debatido sobre motivaciones ocultas detrás del fuego, aunque con poca base lógica más allá de intuiciones o frustración emocional por el desastre.
Lo que parece claro es que, tanto en Penco como en Tomé y otras zonas devastadas, la discusión sobre causas reales de los incendios deberá centrarse en análisis técnicos de Conaf, ONEMI y otros organismos especializados, no en conspiraciones que, en plena tragedia, solo agregan ruido a una respuesta que ya de por sí enfrenta condiciones extremas de clima, falta de recursos y desgaste comunitario.














