Una intervención urbana que no pasó inadvertida y que terminó en un cara a cara entre arte, memoria histórica y represión institucional fue retirada este fin de semana por Carabineros del frontis de la Universidad de Chile.
La escultura, bautizada FullClean y creada por el artista visual Francisco Tapia —más conocido como “Papas Fritas”— no sólo caricaturiza al exoficial Claudio Crespo trapeando sangre en medio de Plaza Baquedano, sino que se convierte en un símbolo brutal de lo que muchos consideran una impunidad institucionalizada tras el caso Gatica y la llamada ley Naín-Retamal.
La obra, grotesca en su estética y filosa en su intención, retrata a Crespo con overol y gorra de Carabineros limpiando rastros de violencia, en una metáfora explícita de la “limpieza de imagen” que, según Tapia, ha operado desde La Moneda hacia la institución policial.
No se trata de una pieza aislada, sino de una crítica directa al respaldo político que, en opinión del autor, el gobierno de Gabriel Boric ha dado a marcos legales como la ley Naín-Retamal, que ha favorecido la absolución y rehabilitación de figuras como Crespo tras hechos de violencia en el estallido social.
La cruda intervención que Boric no quería ver
La retirada de la intervención por parte de la policía desata preguntas incómodas: ¿hasta qué punto el Estado tolera la crítica artística cuando apunta a pilares sensibles de su narrativa sobre orden público y justicia? Este gesto no sólo elimina una obra de arte, sino que también parece borrar un reclamo profundo de una parte de la ciudadanía que siente que la historia oficial minimiza o blanquea actos de violencia institucional.
La obra también remite, según medios regionales, a los contratos públicos adjudicados a empresas vinculadas a la familia de Crespo, lo que añade una capa de cuestionamiento sobre redes de poder y legitimidad.
Este episodio ocurre en medio de un debate político de fondo que sigue sacudiendo al país: la absolución de Crespo por parte del tribunal y el descrédito que esto ha generado entre víctimas, defensores de derechos humanos y sectores críticos de la política de seguridad.
Mientras algunos medios y figuras políticas defienden la actuación de Carabineros como profesional, otros, como la comediante Natalia Valdebenito, han señalado que ciertas decisiones judiciales son una “brutalidad” y un síntoma de disfunción en el sistema de justicia mismo.
La retirada de FullClean por parte de Carabineros no es solo un acto de censura física, sino un síntoma de una tensión cultural y política enraizada: el choque entre quienes piden memoria, reparación y responsabilidad institucional, y un aparato estatal que parece decidido a controlar no sólo el orden público, sino también las narrativas que lo cuestionan. En esta batalla por la memoria y la justicia, el arte se convierte en un campo de disputa donde la historia oficial y la experiencia popular chocan sin filtros.















