Mientras Mara Sedini emerge como una de las figuras más visibles (y debatidas) del futuro gobierno de José Antonio Kast —confirmada como ministra secretaria general de Gobierno— una faceta poco conocida de su vida personal ha empezado a resonar con fuerza y arroja luz sobre quién es detrás del discurso político y mediático. Más allá de la corista, panelista y estratega comunicacional, Sedini ha sido una madre de acogida, un rol que la puso de frente a una realidad de vulneración infantil que, según sus propias palabras, “deja huellas profundas”.
La experiencia data de la pandemia de Covid-19, cuando Sedini y su esposo decidieron postular al sistema de acogimiento familiar, un proceso riguroso que les permitió recibir temporalmente a niños que no podían permanecer con sus familias de origen por situaciones de riesgo o vulneración de derechos. El primer lactante llegó en 2022, y desde entonces cuatro menores han pasado por sus brazos y su casa, cada uno dejando una marca en la vida de la futura ministra.
Mara Sedini, de vocera de Kast a madre de acogida
Sedini misma ha compartido en redes sociales momentos de despedida que revelan la intensidad emocional de esa experiencia. “Gracias, preciosa, por permitirme ser tu mamá en este tramo del camino… Cada uno de los niños que ha pasado por nuestros brazos deja una huella profunda, única e imborrable”, escribió tras la partida de su última acogida. Sus publicaciones describen el impacto personal del acogimiento como “una de las vivencias más lindas y profundas de mi vida”, recordando que, aunque temporal, el vínculo entre cuidador y niño puede transformar para siempre.
Este aspecto humano de Sedini trae una dimensión inesperada a su perfil público, tradicionalmente analizado por su tránsito del arte —como actriz, cantante y panelista en programas como Sin Filtros— hacia la comunicación política y el activismo conservador. A diferencia de sus declaraciones más combativas en televisión, su rol como madre de acogida la expone en una luz que cruza ideologías: decidir abrir la propia casa y corazón a menores vulnerables es un acto de compromiso social que difícilmente se reduce a una posición política rígida.
Para muchos analistas, esta experiencia podría incidir en cómo Sedini encara temas sociales complejos desde su nueva posición de poder, especialmente en áreas que involucran a la infancia, la familia y la protección de derechos. Si bien su trayectoria política ha sido criticada por sectores de izquierda por sus posturas ideológicas en debates como feminismo o política regional, su historia personal como cuidadora de niños en circunstancias difíciles resuena con nudos duros de la realidad chilena que a menudo quedan fuera del debate público formal.
La combinación de una vida pública polarizante y una historia íntima de afecto y responsabilidad abre interrogantes sobre cómo Sedini abordará su nueva labor al frente de la vocería del gobierno. ¿Podrá equilibrar su faceta combativa en medios con una sensibilidad que nace de experiencias reales de cuidado? Esa dualidad —de la política a lo profundamente humano— convierte a Mara Sedini en un personaje mucho más complejo que el discurso habitual de gabinete.














