En un clima más tenso que una final olímpica, la designación de Natalia Duco como futura ministra del Deporte en el gabinete del presidente electo José Antonio Kast ha encendido una polémica que trasciende lo deportivo para enquistarse en el debate sobre valores, reputación pública y la construcción de autoridad en políticas públicas.
La exlanzadora de bala, olímpica e histórica figura del atletismo chileno, no esquivó las críticas este jueves y rompió el silencio con una declaración breve pero elocuente: “Acepto todas las opiniones y está perfecto” y “estoy enfocada en trabajar por Chile”.
Lo que la prensa oficial describe con tibieza —“responde a críticas” — aquí pega directo: Duco llega a un ministerio clave arrastrando el expediente de un dopaje positivo de 2018, que la llevó a ser sancionada por tres años tras dar positivo en GHRP-6, una sustancia que no se toma como suplemento sino que requiere administración inyectable y deliberación, según los críticos más duros.
Natalia Duco contra la corriente
Entre quienes han cuestionado la decisión, el exatleta Gert Weil fue de frente: para él, no se trata de un “error del momento”, sino de un episodio que requiere intención y planificación y que, en su opinión, envía una señal errada a la comunidad deportiva, a los niños y a la representación internacional de Chile. Weil incluso se preguntó en voz alta cómo podrá Duco enfrentar futuros casos de dopaje como ministra si su propio pasado sigue siendo una herida abierta.
El comentarista deportivo Juan Cristóbal Guarello, por su parte, fue más allá de la anécdota biográfica y apuntó directamente al mensaje político: “el dopaje es una industria” y que nombrar a alguien con ese pasado al frente de la política del deporte “es una mala señal”, incluso fuera de prejuicios políticos.
Pero no todo es rechazo frontal. En el debate nacional también hay voces que apuntan a la reivindicación y a la experiencia deportiva como activos legítimos para asumir un cargo público de esta naturaleza. Algunos sectores han señalado que la rehabilitación y la reinserción son parte del tejido social, y que Duco, con cuatro Juegos Olímpicos a su espalda y una carrera consolidada, podría aportar desde su trayectoria en lugar de quedar marcada eternamente por un error técnico o ético pasado.













