Dieciocho años después de la desaparición de Mariana Sepúlveda, el caso volvió a estremecer al país con una confesión que ahora forma parte de una investigación judicial. Ghislain Quiroz, actualmente de 42 años, llegó el domingo 6 de septiembre hasta la 5ª Comisaría de Conchalí y aseguró ante los funcionarios que él había asesinado a la joven. El relato fue reconstruido por una carabinera que posteriormente declaró ante el OS9.
Según el testimonio de la funcionaria, Quiroz se acercó visiblemente afectado y, ante la pregunta sobre qué necesitaba, respondió: “Yo la asesiné”. La escena se volvió todavía más desconcertante porque el hombre presentaba dificultades para comunicarse y, durante la conversación, volvió una y otra vez sobre la misma frase. “Yo la asesiné”, habría repetido en más de veinte oportunidades, de acuerdo con el relato entregado por la carabinera.
El primer problema surgió con la identidad de la víctima. Los funcionarios inicialmente entendieron que hablaba de una mujer llamada “Mariela Sepúlveda León”. Sin embargo, al mostrarle una fotografía, Quiroz negó que fuera ella. Finalmente, los policías lograron determinar que se refería a Mariana Sepúlveda León, quien desapareció cuando tenía 19 años y cuyo paradero se mantuvo como un misterio durante casi dos décadas.
La confesión de Ghislain Quiroz
La declaración entregada posteriormente por Quiroz fue aún más específica. Según la reconstrucción realizada a partir del testimonio policial, aseguró que el día de la desaparición habría invitado a Mariana a ingresar a su vivienda y que posteriormente la habría asesinado. También afirmó que los restos permanecieron enterrados bajo el dormitorio de su casa durante años, antes de ser retirados y, según su propio relato, eliminados posteriormente.
El hombre habría explicado además por qué decidió presentarse ahora ante Carabineros. “Me voy a morir, todos nos vamos a morir, tengo mucha pena, quiero el perdón de la familia y sus amigos y hoy son dieciocho años”, habría manifestado, de acuerdo con el testimonio de la funcionaria que recibió su confesión.
Pero hay un elemento fundamental que no puede quedar fuera de esta historia: la confesión por sí sola no equivale a una condena ni acredita judicialmente cada uno de los hechos relatados. La Fiscalía debe establecer qué partes del relato pueden ser corroboradas mediante evidencia objetiva. De hecho, un tribunal ya había sobreseído el caso por prescripción del delito, mientras el Ministerio Público analiza los cursos de acción posibles.
La investigación adquiere así una nueva dimensión. Los antecedentes entregados por Quiroz deberán ser contrastados con peritajes, testimonios y todos los elementos que permitan establecer qué ocurrió realmente con Mariana Sepúlveda. Mientras tanto, el relato de aquella tarde en la comisaría deja una frase que quedó registrada una y otra vez en el testimonio policial: “Yo la asesiné”.





